Hay un momento exacto en que llegas a Puno y lo sientes en el pecho. El aire cambia, se vuelve más ligero, y tu cuerpo te avisa que estás en otro nivel. Es ese instante donde la aventura realmente comienza. Pero cualquiera que haya caminado por estas tierras sabe que la verdadera magia no está solo en el paisaje, sino en cómo te adaptas a él.

Probablemente ya hayas olido ese aroma inconfundible en los mercados locales, una mezcla de eucalipto, tierra húmeda y algo silvestre que te despierta los sentidos. Aquí, la medicina no viene en frascos de vidrio, sino que crece entre las piedras, resistente al viento y al frío. Las abuelas en los puestos lo saben, los guías lo saben, y ahora es tu turno de descubrirlo.

No se trata solo de aliviar un malestar, se trata de entender el ritmo de los Andes. Vamos a hablar de esas hierbas que te devuelven el aliento después de una subida pronunciada y te calman el estómago tras un día intenso. Porque viajar bien es también saber aceptar lo que la naturaleza te ofrece para seguir caminando. Esto es lo que necesitas saber para llevar un pedazo de esta sabiduría contigo.

¿Por qué crecen aquí y en otros lugares no?

Las plantas medicinales de Puno crecen aquí de forma única gracias a una combinación excepcional de factores que no se replican fácilmente en otras regiones:

La altitud extrema (3.800-4.500 m.s.n.m.) y la intensa radiación UV obligan a estas especies a desarrollar compuestos defensivos como aceites esenciales y antioxidantes que potencian sus propiedades terapéuticas; el clima altoandino, con heladas nocturnas y marcada estacionalidad, regula sus ciclos de floración y concentración de principios activos;

Los suelos volcánicos, ricos en minerales y bien drenados, favorecen el desarrollo de raíces profundas y metabolismos especializados; y la influencia del Lago Titicaca genera microclimas que moderan las condiciones ambientales. A esto se suma que muchas de estas plantas son endémicas, es decir, evolucionaron durante milenios exclusivamente en los Andes del sur peruano, y que el conocimiento ancestral de las comunidades aymaras y quechuas sobre su cultivo y cosecha sostenible ha permitido preservar su calidad. Por eso, al visitar Puno, el viajero no solo descubre paisajes únicos, sino que accede a plantas cuyo poder medicinal se expresa plenamente solo en este entorno irrepetible.

Las imprescindibles durante tu viaje

Chachakuma (Senecio graveolens o tephrosioides): Esta planta puede llegar a medir hasta 45 cm de alto, es ramoso y muy fragante y ha sido utilizada durante siglos por las poblaciones indígenas para contrarrestar los efectos del mal de altura (soroche), dolor de estómago y presión arterial, se la suele conocer como el "oro verde" que a menudo se relaciona con su valor comercial y uso tradicional en infusión.

Muña (Minthostachys setosa): La muña, proveniente de una planta leñosa que crece en las zonas alto andinas, entre 2500 y 3500 m.s.n.m, posee muchas propiedades curativas, además de ser cicatrizante y una buena alternativa para reducir dolores extremos.

Airampo (Tunilla soehrensii): Es un cactus nativo de los Andes, reconocido por sus vistosas flores y sus frutos de intenso color rojo. Más allá de su belleza, esta planta es valorada por sus propiedades naturales: ayuda a reducir la inflamación, regula los niveles de azúcar y colesterol en la sangre, y fortalece las defensas gracias a su alto contenido de antioxidantes. En la tradición andina, sus semillas se preparan en infusiones para aliviar la fiebre y el cansancio, mientras que el gel de sus hojas se aplica directamente en la piel para calmar irritaciones y ayudar en la cicatrización.

Ch´iri Ch´iri (Grindelia boliviana): Es una pequeña planta de flores doradas que crece en los valles andinos de Puno y Cusco, y que durante generaciones ha sido la aliada de las comunidades para aliviar malestares respiratorios y cuidar la piel. La ciencia ha confirmado lo que los sabios andinos ya sabían: sus hojas y flores contienen aceites esenciales y compuestos naturales con capacidad para combatir bacterias comunes, lo que la hace valiosa para apoyar la curación de heridas superficiales o aliviar irritaciones. En la tradición local, se prepara en infusiones, vapores o ungüentos, y su aroma fresco es parte del paisaje sensorial del altiplano.

Diente de león (Taraxacum officinale): Es esa planta de flores amarillas y "pelusas" que vuelan con el viento, común en los campos de Puno, que esconde un gran poder para el bienestar del viajero. Conocida por su acción suave pero efectiva, ayuda a depurar el organismo, favorece la digestión después de comidas abundantes y apoya la función del hígado y los riñones gracias a sus compuestos antioxidantes. En la tradición andina, sus hojas tiernas se incluyen en ensaladas y sus raíces se preparan en infusiones para sentirse más ligero y con energía tras un día de caminata por el altiplano.

Sillu Sillu (Lachemilla pinnata): Es una planta herbácea nativa de las zonas altoandinas de Puno, caracterizada por sus hojas lobuladas y su capacidad para retener gotas de rocío en su superficie. En la farmacopea andina, se utiliza principalmente por sus propiedades antiinflamatorias, diuréticas y antisépticas: las infusiones de sus hojas se emplean para apoyar la función renal, aliviar cólicos digestivos y reducir inflamaciones, mientras que su uso en compresas se destina a aplicaciones tópicas para irritaciones oculares o cutáneas.

Paico (Dysphania ambrosioides): También llamado epazote, es una planta aromática de uso milenario en los Andes que destaca por su acción directa sobre el sistema digestivo: ayuda a eliminar parásitos intestinales, reduce cólicos, gases e indigestión, y alivia molestias menstruales gracias a sus compuestos antiespasmódicos y antiinflamatorios. En Puno, es común encontrarla en mercados locales o que forme parte de las infusiones de bienvenida que ofrecen las comunidades a sus visitantes. Como precaución no se recomienda en embarazo ni en dosis elevadas; su uso debe ser guiado por personas con conocimiento tradicional o un profesional de la salud.

Llantén (Plantago major): Conocido en quechua como wich'uru es una planta de hojas anchas y alargadas que crece de forma silvestre en caminos y zonas húmedas de Puno, valorada por su acción cicatrizante, antiinflamatoria y expectorante. En la medicina tradicional andina, sus hojas frescas o secas se preparan en infusiones para aliviar la tos, la bronquitis y molestias estomacales, mientras que su jugo o cataplasma se aplica directamente sobre heridas, raspaduras o picaduras para acelerar la curación y reducir la inflamación.  El llantén es un recurso accesible y práctico: muchas comunidades lo incluyen en sus botiquines naturales y puede encontrarse fácilmente en mercados locales como parte de la oferta de hierbas medicinales.

Salvia (Salvia officinalis): Es una planta aromática de hojas grisáceas y aroma intenso. Sus propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y digestivas la hacen útil para aliviar molestias estomacales, irritaciones de garganta (comunes por el clima frío del altiplano) y síntomas menstruales, mientras que en infusión o gárgaras ayuda a calmar la tos y renovar el aliento. La salvia representa un recurso práctico y accesible: muchas comunidades la incluyen en sus mates de bienvenida o la ofrecen como parte de experiencias gastronómicas locales. Como precaución no se recomienda su consumo en embarazo, lactancia o en personas con condiciones neurológicas sin supervisión profesional; su uso terapéutico debe ser moderado y guiado.

Consejos de Viajero a Viajero: Tu Experiencia con Hierbas en Puno

Pequeños detalles que marcan la diferencia entre un buen recuerdo y una experiencia auténtica y responsable.

Preparación: El secreto está en la tapa

No todas las infusiones se preparan igual. Para aprovechar al máximo hierbas aromáticas como la muña, la salvia o el paico, usa agua recién hervida y tapa la taza durante 3-5 minutos mientras reposa. ¿Por qué? Porque los aceites esenciales que les dan su aroma y propiedades son volátiles: si dejas la infusión al aire libre, se evaporan y pierdes parte de su beneficio. Un truco simple que los locales conocen bien y que tú también puedes aplicar en tu hospedaje o durante un trekking.

Salud: La naturaleza complementa, no sustituye

Las hierbas medicinales andinas son un valioso aliado para el bienestar, pero no reemplazan la atención médica profesional. Si presentas síntomas graves como fiebre alta, dificultad para respirar, dolor intenso o una reacción alérgica, acude de inmediato a un centro de salud.

Souvenir: Un atadito de hierbas vale más que un imán

En lugar de otro objeto decorativo, considera llevar contigo un pequeño atado de hierbas secas (muña, chachacoma, llantén) comprado directamente a una artesana o en un mercado local. No solo es un recuerdo con aroma a Puno, sino que además apoyas la economía familiar y te llevas un pedacito de sabiduría andina para compartir en casa. Tip extra: Pide que te expliquen cómo prepararla y para qué sirve; así, cada vez que la uses, recordarás tu viaje con todos los sentidos.


¿Te sorprendieron las bondades de estas hierbas? ¡Aún hay mucho más por explorar! Planifica tu próxima escapada con nosotros y prepárate para sumergirte en la gran despensa herbaria de Puno.

¡El altiplano te espera con los brazos abiertos!